AGUSTIN IBARROLA GOICOECHEA ,  Nació en el caserío de Ariz, Vizcaya, España, el 18 de Agosto de 1930.

De familia humilde ya de muy joven dibujaba con pedazos de tela y ladrillos. Pronto empezó a trabajar en una

fábrica de zapatos. En 1948, cuando tenia 18 años, hizo en Bilbao su primera exposición individual. Minero,

carpintero, albañil, etc., participo en diversos grupos artísticos de España y el exterior y reflejo la dureza de la

vida de las zonas de industria y suburbios. Comenzó a pintar de forma autodidacta. A finales de los años cuarenta

ingresó, como becario en el taller de Vázquez Díaz. En 1950 su encuentro con Oteíza marco un giro decisivo a su

obra. En 1956 viajo a Paris, donde fundaría el “Equipo 57”, junto a José Duarte, Ángel Duarte y José Serrano que

prestó especial atención a los tratamientos de los espacios curvos y las relaciones positivo-negativo y cóncavo-

convexo. Estuvo ingresado en el movimiento “Estampa Popular” del País Vasco Desde entonces, ha recorrido un

largo camino plagado de alegrías y tristezas. Las primeras siempre le han llegado de la mano de su propia obra.

Hábil y sensible como pocos, supo evolucionar de un constructivismo inicial de temática obrera e industrial hasta

propuestas mucho más ligadas a la naturaleza y a los seres vivos. Su trabajo con el Equipo 57 le hizo merecer, en

1993, la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes. Desgraciadamente, las tristezas han jalonado, de forma

paralela a los éxitos, toda su vida. Activo militante antifranquista cercano al Partido Comunista, pasó varios años

en la cárcel y la Guardia Civil quemó su caserío. Con el advenimiento de la democracia, Ibarrola se retiró durante

años y realizó un intenso trabajo estético y reflexivo. Pertenecen a esta época las famosas series de obras

realizadas con traviesas de vía de tren como la situada en la estación de Chamartín de Madrid y todo el trabajo

artístico del Bosque de Oma.

Oma es una grandiosa obra que sólo puede apreciarse en su verdadero esplendor visitándola. Decenas de árboles

pintados por el artista, crean escenas únicamente apreciables si se observan desde el lugar adecuado del bosque.

Ibarrola comenzó a pintar en 1983 sobre los troncos de mas de 500 pinos en el bosque de Oma, en Kortezubi,

cerca de Gernika. Acabo la obra internacionalmente conocida, en 1991. En el verano de 1998 alumnos de Bellas

Artes repintaron las figuras de las cortezas de los árboles. El conjunto recibe anualmente a miles de visitantes.

Según Ibarrola, el bosque pintado invita a cada persona a recomponer las imágenes señaladas y las que surgen

de su imaginación, así como añadir sus propias motivaciones históricas, mitológicas o sus estados de ánimo, en

un lugar muy cercano a las cuevas de Santimamiñe, que guardan valiosas pinturas prehistóricas. El bosque

dispone de una señalización que permite a los visitantes captar el mensaje que el artista vasco transmite

utilizando como soporte la corteza de los árboles. Su obra se ha difundido por todo el mundo, y ha recibido

numerosas distinciones y homenajes. Mantiene una posición permanente por la libertad y a favor de la paz y la

tolerancia en el País Vasco frente a la crítica permanente de los violentos.

      

 


A AGUSTIN IBARROLA

Pues bien, hablando en vasco, es decir, sin engaños,

saludo tu pintura

directa y fresca, brusca como los adelantos

que de tanto me curan.

Saludo el violento sentido consagrado

de nuestra metalurgia

y los hechos obreros que tú pones en alto

contra la fuerza oscura.

Saludo la evidencia como saludo el canto

que grita y no murmura.

Aquí están ordenadas las fuerzas del trabajo,

aquí el hombre que muda los valores reales,

no la Bolsa bailando, abstracta en su locura.

Estos hombres que pintas, reales y compactos,

como la luz es dura,

como el cuerpo recorta su volumen y el acto

directo en una pura

emergencia del hecho dado por cotidiano,

devuelven la luz diurna.

Aquí están. Tú los muestras. Sencillos. Siempre en alto.

Y su ser es denuncia

 

Gabriel Celaya.

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